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Ambientación

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Ambientación

Mensaje por Admin el Miér Dic 15, 2010 5:42 am




Hubo tiempo en el que mundo era joven, un latido de vida en mitad de un feroz universo. Era un mundo salvaje en el que la humanidad aún no había nacido, donde las fuerzas de la naturaleza todavía vagaban libres y eran las Señoras de la Tierra.

Fue en este tiempo cuando nació el pueblo feérico, cuando esas fuerzas tomaron forma de la energía salvaje con la ayuda de la Diosa de la Tierra y del Dios de los bosques. Así nacieron los primeros sidhes, los más poderosos entre el pueblo faerico y aquellos que se convertirían en sus gobernantes, también nacieron pixies y nixies, trasgos y duendes, sirenas y dríadas y el resto de criaturas, que cuando la humanidad naciera poblarían sus leyendas.

Unos encarnaron la fertilidad y el esplendor de la naturaleza, otros su muerte y su lado más salvaje... Del enfrentamiento entre los que hacían florecer a la tierra y los que la marchitaban nacieron las dos cortes, y de su eterna danza las estaciones. Durante medio año, mientras el día fuese más largo, gobernaría la llamada Corte Luminosa, aquella cuyos dones hacían florecer la tierra, y durante la época del año en las que la noche duraba más que el día, gobernaría la Corte Oscura y su poder sobre la destrucción y la muerte.

Así nacieron las cortes de las hadas, y con ellas comenzó el baile de fuerzas que con el tiempo crearía tantas leyendas. Y, en lo profundo de los bosques, bajo enormes colinas, aquel pueblo fundó su hogar y sus ciudades.

Con el tiempo apareció una nueva creación de la Madre, el ser humano...

Ante esa nueva creación el pueblo feérico se sintió fascinado. La Corte Luminosa fue la primera en acercarse a aquel pueblo compuesto por gente primitiva que cazaba usando piedras y palos. Ellos fueron quienes les enseñaron el arte de la agricultura, de la ganadería, de la orfebrería, de la armería, de la construcción y de la magia.

Este último secreto ofendió a la corte oscura, que comenzó a secuestrar humanos y usarlos como entretenimiento en su corte. Fue un nuevo motivo de rivalidad entre ellas, que dio lugar ya no solo a guerras entre las hadas, sino a guerras entre estas y los hombres. Fueron tiempos duros, en los que la sangre de ambos pueblos se derramó y mezcló.

Y también con el tiempo, llegó la paz entre ellos...

Las hadas se ocultaron en sus poderosos refugios y los humanos comenzaron a construir ciudades con todos los conocimientos aprendidos del pueblo de los antiguos








Tras un tiempo de paz, los videntes de todas las cortes y ciudades comenzaron a tener visiones: una amenaza se alzaba para ellos mas allá del mar, un nuevo poder cuyo origen desconocía, pero que pronto, como una gran sombra, se cerniría sobre ellos dispuesta a devorarles...

Las dos cortes unieron sus fuerzas por primera vez desde su origen, y formaron el mayor ejercito feérico visto hasta las fecha. Aquellos que eran más poderosos en las artes mágicas forjaron junto a los orfebres armas de poder para ayudar a los soldados en las batallas que estaban por librar. Otros utilizaron su poder para fortalecer a ciertos animales con el fin de convertirlos en monturas para los guerreros feéricos. Y lo más importante: todas las hadas ofrecieron su vida para proteger su reino, aunque solo los más fuertes y capaces fueron elegidos para la misión.

Al final partieron un total de 2000 soldados del pueblo feérico, embarcados en bellas naves atravesando el inhóspito mar, gracias a la ayuda de la gente del océano, que aunque no participaría en la guerra, les proporcionaría ayuda en las peligrosas travesías a través de su reino. Fue una semana de viaje, en la que si no llega a ser por la protección de los habitantes del mar hubieran perecido en el intento de alcanzar las costas de lo que un futuro el mundo conocería como Britania, pues ni aquellos que tenían poder sobre el clima podían apaciguar las tormentas que azotaron sus naves durante la larga travesía.

Cuando por fin arribaron a las costas sintieron el verdadero poder de la sombra que se cernía sobre ellos. Esperándoles en la costa, un ejército de más de mil hombres aguardaba para acabar con los invasores, liderados por más de cien gigantes. Aquel extraño pueblo que les recibía en pie de guerra estaba también formado por la esencia mágica del mundo, pero no por una primitiva y natural como la suya, sino por algo malvado y desconocido para ellos hasta el momento. Desconocían su origen o creación, lo único que sabían es que su paso sembraban la destrucción, sin control ni medida, muy diferente al principio de la corte oscura... Este pueblo fue conocido como los Fomori.

Los Fomori no solo acababan con la vida de todo lo natural que iban encontrado a su paso, tenían a los humanos y a los miembros del pueblo feérico esclavizados, sometidos mientras poco a poco les iban robando su esencia para convertirlos en sombras, espíritus subyugados que utilizarían en la batalla contra las fuerzas de Dannan. Ellos eran los hijos del olvido y su misión era que se olvidase su creación. Su visión era terrorífica incluso para los más poderosos de los Sidhe, y los humanos perdían la cordura al contemplarlos.

Aun así, alentados por el poder del poderoso sonido del cuerno de Cernunnos, el pueblo feérico se lanzó a la batalla y la sangre bañó la tierra de la futura Britania. Ambos ejércitos luchaban sin piedad, convirtiendo la guerra en un arte con cada movimiento, un duelo de titanes en el que se decidía el destino de Dioses y hombres. Espada y magia chocaban sin cesar, mientras por un instante el universo parecía detenerse a contemplar el resultado de tan cruenta batalla...

Al final la victoria fue a favor de los hijos de Dannan, no sin pagar un alto precio en forma de sangre y vidas. Además habían ganado la primera batalla, no la guerra... Y de la victoria final dependía el destino del mundo. Por ello abandonaron ese campo de batalla y buscaron refugio en los bosques en los que aún los Fomori no habían vaciado de vida. Se aliaron con los feéricos que habían nacido en aquella tierra, convirtiendo los bosques en su fortaleza, y continuaron con su lucha.

La guerra fue lenta, pero fueron recuperando poco a poco los terrenos que en su día pertenecieron a la Madre, terminando por acorralar a aquella extraña raza en las profundidades de una gran cueva, donde sellaron a todos los Fomori que fueron incapaces de exterminar, pues carecían del poder necesario para acabar con ellos en su totalidad. Todas las razas colaboraron para sellar la cueva, aplicando cada uno su propia magia. Y para que los encantamientos no se debilitaran, hicieron unos amuletos que entregaron a los representantes de cada raza: manteniendo la energía de estos, mantendrían también encerrados a los monstruos.

Con la llegada de la paz el pueblo feérico reconstruyó sus ciudades, y en el lugar donde se encerró a los Fomori se construyó Avalon, la ciudad que representaría la unión entre todas las razas para mantener la vigilancia sobre el enemigo.

Durante la reconstrucción de las ciudades y la construcción de Avalon descubrieron que los feéricos britanos habían hallado portales a otras dimensiones, a través de los cuales llegaban a veces extrañas criaturas del mismo modo en que los Fomori llegaron a la Tierra. Por eso decidieron formar la guardia real, una por cada Corte, las cuales se encargarían de proteger al pueblo y las cortes de las amenazas de ese extraño mundo exterior: letales y poderosos, su sola mención hacia palidecer a la mayoría de hadas. También nacieron las hermandades mágicas, dispuestas a investigar más sobre aquellas grietas y buscar los límites del poder de la magia del pueblo feérico, para ser lo suficientemente fuertes en ese campo frente a otra amenaza similar a la de los Fomori.

Fueron tiempos de paz y estabilidad, tiempos de auge para la magia y el crecimiento...








Los siglos pasaron, y las hadas se alejaron cada vez más del mundo humano ya que sentían que con su presencia entre ellos afectaban al equilibrio. Por ello, tomaron el papel de vigilantes en las sombras mientras ellos crecían como raza, aprendiendo y desarrollándose.

Las eras pasaron y el pueblo feérico se convirtió en una leyenda para los Britanos, que con los siglos se vio invadido, primero por los romanos y luego por los sajones. Por aquellos tiempos las ciudades de las hadas formaban ya su propio país mas allá de la niebla, solo una de las ciudades aún mantenía su vínculo con los Humanos: La ciudad de Avalon.

Y con el paso de las eras vinieron los tiempos convulsos, llegaron los romanos, con sus ejércitos, ciudades y la pompa de sus emperadores. Al principio compararon sus Dioses con los del pueblo britano, pero con el tiempo trajeron consigo una nueva fé, una en la que no existían Dioses sino un único y, según ellos, verdadero Dios. La gente que moraba en las aldeas y en los campos rechazaba aquella nueva fe, pero los nobles y los esclavos que vivían en las ciudades terminaron por adaptarse a aquella costumbre romana.

Las Sacerdotisas y los Druidas de Avalon perdieron su importancia como consejeros espirituales de los reyes frente a los sacerdotes del Nuevo Dios, y las iglesias sustituyeron a los templos de los antiguos Dioses en las ciudades. La Antigua Fe quedó relegada a los campesinos y a las tribus que habían permanecido lejos del dominio de los romanos, mientras la Nueva Religión era defendida por los nobles y altos cargos.

Pero una amenaza se cernía sobre Britania, una amenaza comparable según algunos a la de los antiguos Fomori de los que hablaban los viejos Druidas, y fueron estos y las sacerdotisas los que primero percibieron en sus visiones la gran amenaza: Los sajones, aquel pueblo procedente de las costas de los mares mas allá del norte, y cuyas naves saqueaban las costas del Imperio con impunidad, tenían como objetivo conquistar las Tierras Británicas.

Las sacerdotisas del Templo de Avalon, aquellas que vivían a caballo entre el mundo de los Antiguos y el lugar que siglos después se llamaría Glastombury, recibieron la ayuda del pueblo feérico, pues estos también se habían asomado a las Brumas del destino y habían contemplado al enemigo. Los Señores de la Corte Luminosa le entregaron a las sacerdotisas dos preciados regalos que deberían entregar a aquel que en los años venideros estaría destinado a unir al pueblo para enfrentarse a la amenaza sajona, alguien a quien habían visto en sus visiones como portador de sangre faérica... Y es que en los tiempos antiguos, fueron frecuentas las mezclas entre los humanos y el pueblo feérico, y sus descendientes seguían morando entre los humanos, destacando con frecuencia por sus inquietudes espirituales y por algunos dones heredados, como el de la visión o la sanación. Algunos destacaron como guerreros entre los humanos y formaron las castas nobles y otros, por sus habilidades, se unieron a las castas sacerdotales...

Y de la unión de dos de estos descendientes nacería el futuro rey: Arturo Pendragón, el hombre destinado a liderar al pueblo Britano contra las invasiones sajonas que se estaban produciendo. El joven guerrero era el hijo de Uther Pendragon, coronado por los nobles como rey de Britania, y de Lady Ingrainne, una mujer descendiente del linaje de las sacerdotisas de Avalon... Por ambas familias corría la antigua sangre de las hadas, la esperanza para el mundo mágico.

La llegada al mundo de Arturo fue difícil y accidentada, ya que su madre inicialmente no estaba casada con Uther si no con el duque de Cornualles, con quien tenía una hija llamada Morgana. El futuro rey de Britania estaba en guerra con él, ya que no quería jurarle pleitesía puesto que sospechaba que este deseaba a su esposa como reina... Y no se equivocaba. Se cuenta que la noche en la que el duque murió en el campo de batalla, Uther, ayudado por el druida Merlín, se hizo pasar por él para yacer con Lady Ingrainne, a la que al día siguiente el rey convirtió en su esposa y reina de Britania.

La infancia del joven Arturo fue feliz, rodeada del amor de sus padres y del de su hermana, creciendo como cualquier otro niño. Pero llegó un momento en que la niñez se acabó, y fue llevado lejos bajo la tutela de Merlín para que aprendiera el arte de la guerra, mientras que su hermana Morgana era llevada al templo de Avalon para formarse en las disciplinas de las sacerdotisas.

Los años pasaron, los asaltos de los sajones se hicieron más frecuentes y la salud de Uther se vio mermada hasta el punto de que la muerte le reclamó en su seno. Fue en el momento en el que los nobles nombraron a Arturo rey de Britania para que hiciera frente a los sajones. Con Merlín a su lado como consejero era consciente de que el apoyo de los señores feudales sería insuficiente para enfrentarse a la amenaza de más allá del mar. Para ello debía ser reconocido también por las tribus y para conseguirlo debía realizar el rito del Matrimonio de la Tierra, dirigido por las sacerdotisas de Avalon. Ya había sido nombrado rey por el clero cristiano, pero necesitaba el apoyo del pueblo pagano...

El ritual se celebro en Beltane, la noche del primero de Mayo, que marcaba el inicio del verano para aquellos pueblos. Esa noche Arturo tuvo que encarnar al señor de la caza y cazar un ciervo con sus propias manos, con el objetivo de demostrar que era digno de ser considerado esposo de la tierra de Britania, yaciendo con una de las sacerdotisas del Templo de Avalon para sellar la unión. Los hilos del destino se entretejieron de forma aciaga por la Suma Sacerdotisa, Vivian, y por Merlín, de forma que la sacerdotisa elegida para encarnar a la Diosa Tierra esa noche fue la propia hermana del rey: Morgana. Las máscaras evitaron que ambos hermanos se reconocieran y, de la forma en que estaba previsto, ella quedó encinta.

Coronado por las tribus, por los nobles y las sacerdotisas de Avalon, le fueron entregados a Arturo dos regalos hechos por el pueblo feérico: La espada de Nuada, llamada Excalibur, y el caldero de Ceridwen, del cual los sacerdotes cristianos quisieron apoderarse, llamándolo el Santo Grial al alegar que era el cáliz donde se bebió la sangre de Jesucristo. A esto ayudó el hecho de que Arturo, en cuanto obtuvo el poder, tomó a una esposa cristiana, Ginebra, pero en lugar de utilizar esta unión para fomentar el equilibrio entre ambas religiones, le dio la espalda a los Druidas y las sacerdotisas y abrazó al cristianismo.

De esta forma, mientras Arturo hacía retroceder a los Bárbaros en nombre de la Nueva Fe, el templo de Avalon se vio olvidado y relegado, y sus sacerdotisas incluso comenzaron a ser perseguidas bajo la acusación de brujas en las ciudades y pueblos en los que sus señores habían aceptado la Nueva Religión... Y esa ofensa no pasó inadvertida para Morrigan, la Reina de la corte Oscura de la Ciudad de Avalon.

Mientras tanto, en el templo, Morgana atravesaba una horrible experiencia: haber descubierto que iba a dar a luz al hijo de su propio hermano, un traidor a los Dioses, y hacia sí misma por haber elegido a la cristiana como esposa, en vez de a ella, la hija de la tierra... No sabía qué hacer con el pequeño que iba a nacer, ya que temía que su padre, al saber de su existencia, se lo arrebatase y lo pusiera en contra de los que como ella permanecían fieles a la Diosa Madre. Y para consolar sus miedos llegó hasta ella Morrigan, que le ofreció cuidar del pequeño... Y ella, desesperada, aceptó. Así fue como la Reina de la Oscuridad se hizo con la herramienta para que Arturo pagara por su ofensa.

Así, mientras su hijo Mordred era criado en el reino de las hadas, Arturo se había convertido en un rey justo y amado por su pueblo, un rey incomparable en la batalla gracias a su espada y a la misteriosa forma que tenía de abastecer a las tropas durante la batalla... Pero era un rey incapaz de traer al mundo un heredero nacido del vientre de su reina. Aunque buscaban respuesta en la sabiduría de todos los médicos de la corte ninguno era capaz de ofrecer una respuesta a por qué Ginebra no se quedaba encinta. Y es que no había nada en el cuerpo de la reina que estuviera mal, lo que le ocurría es que la Reina de la Corte Oscura la había maldecido con la infertilidad, pues quería asegurarse tener bajo su protección al único y legítimo heredero al trono de Britania.

Y de esta forma ocurrió que Arturo se relajó y envejeció, a la vez que su hijo crecía consciente de todas las ofensas cometidas por su padre hacia la Diosa, y de las que estaban cometiendo sus súbditos contra los Druidas y las sacerdotisas, quienes se estaban viendo obligados a refugiarse en el templo, a medio camino entre su mundo y el de las Hadas, huyendo de las persecuciones cristianas.

Mordred se hizo adulto, un guerrero humano capaz de competir en destreza con los mejores Sidhes, formado en el conocimiento de las armas y la magia, se hizo portador de la Espada de Morrigan, la única capaz de competir en poder con la propia Excalibur. Y aprovechando el descontento de las tribus con el rey convertido en cristiano, se sometió al rito de la caza y yació con una de las Sacerdotisas de Avalon. Fue coronado por su madre Morgana, suma sacerdotisa tras la muerte de Viviana, como Rey de las tribus.

Liderando a las tribus se enfrentó a su padre. Fue una lucha cruenta en la que la sangre de los pueblos salvajes se mezcló con la de aquellos que habían abrazado la nueva fe. Ninguna batalla había sido ni sería jamás como aquella, pues se batían en duelo Excalibur contra la Espada de Morrigan, un padre contra un hijo, Mordred contra Arturo… Dos fuerzas comparables que se herían, atacaban y defendían por igual con una habilidad nunca vista hasta la fecha.

Y una batalla así solo podía tener un resultado...

Ambos se hirieron de muerte. Ambos cayeron en la batalla.

Cuando Morgana, guiada por sus visiones, fue a recoger los cuerpos solo halló el del moribundo Arturo, al cual, junto con Merlín, guió hasta el templo de Avalon, que tras su paso a través de las nieblas fue incorporado del todo a la Ciudad Faérica y alejado del mundo Mortal: Las brumas de Avalon se habían cerrado para siempre.








Tras esa batalla, Avalon cerró sus puertas, nadie más podría volver a abrir las nieblas que eran sus fronteras, nadie podría entrar desde el mundo humano ni volver a él, como también las nieblas les impedirían viajar a las otras ciudades de las hadas. Un poder más fuerte que los propios feéricos les había atrapado entre mundos, algo que causó el temor y el revuelo entre el pueblo feérico y sus gobernantes.

Aunque no era el único hecho aciago ni extraño que aconteció en Avalon tras esa batalla: el cáliz desapareció, perdido entre las brumas, y Excalibur regresó a su hogar, trayendo a Mordred consigo, pero con la diferencia de que él ya no era humano, sino un sidhe en todo su poder... La misma espada que le había matado, le trajo de nuevo a la vida, reclamándole como su nuevo portador.

La situación estuvo a punto de llevar a la ciudad a una guerra civil, pues la Corte Luminosa consideró el nuevo estado de Mordred como una aberración, alegando que solo con su muerte las fronteras volverían a abrirse. Por otro lado la Corte Oscura pensaba que la salvación de Mordred era un regalo de la
Diosa y que era Arturo, bajo la protección de la Corte Luminosa como lo eran los refugiados del templo de Avalon, quien debía pagar con su vida las ofensas a la Diosa...

Al final la sangre no volvió a ser derramada. Arturo para pagar su ofensa sería esclavo de la Corte Luminosa y Mordred fue nombrado Príncipe de la Corte Oscura.


El tiempo ha pasado, dos milenios desde el fatídico día, y, aunque la guerra no ha llegado a estallar, las tensiones siguen latentes, creciendo día tras día... Pues desde entonces, el pueblo feérico parece estar extinguiéndose. Los sidhes han dejado de nacer y los que viven en las cortes parecen estar perdiendo su poder e incluso enfermando, algo que no había ocurrido nunca a lo largo de la historia.

Las grietas entre dimensiones están cerradas como salidas de su mundo, pero siguen dejando entrar a criaturas de otros planos, cada vez más agresivas y peligrosas. Y a su vez, temblores sacuden la tierra, como si algo escondido bajo esta quisiera escapar de su prisión eterna... Cada vez son mayores los peligros y menor la esperanza...

Pero la paz en Avalon no es algo duradero, y los cambios en el eterno juego de tronos han traído de nuevo la guerra a la ciudad de la niebla. Los reyes de la corte oscura han sido derrocados por intentar devolverle el trono a su princesa, rechazada por el árbol sagrado durante los ritos de Beltane. Mabh es ahora la regente de la corte oscura.

Mientras en la luminosa la reina dorada ha fallecido aquejada de la enfermedad de los sidhes, y su rey y su príncipe han sido encarcelados por traicionar las tradiciones y su sangre y la nueva regente, la princesa Neidin, se mantiene alejada del gobierno siendo este dirigido por dos de sus consejeras.

La orden del dragón, protectora de Avalon durante eras, ha sido disuelta y los guardianes de la luna vigilan ahora la ciudad de la niebla.

Los que aun quedan fieles a la Antigua corona se alzan en Armas como la resistencia.

La guerra ha comenzado.





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